El pasado día 11 de mayo, entraron en vigor nuevos límites de velocidad en las ciudades españolas. Estos límites aprobados por la DGT tienen por objetivo reducir la siniestralidad en el colectivo de usuarios vulnerables (peatones, ciclistas y motoristas) y reducir el ruido ambiental casi a la mitad.
El problema que nos encontramos con esto es que, conduciendo a una menor velocidad, es más probable que las piezas del vehículo se estropeen con más facilidad. Desde DIESSA te daremos una serie de consejos para disminuir el riesgo de sufrir averías.
Los nuevos límites de velocidad en vías urbanas obligan a conducir con marchas más cortas lo que puede provocar un mayor desgaste del embrague si no tomamos las medidas adecuadas. Una menor velocidad conlleva conducir con marchas mucho más cortas durante más tiempo y realizar continuos cambios de marcha, lo que se traduce por un uso excesivo del embrague y un mayor desgaste de los discos del embrague.
Para evitar este desgaste, lo más recomendable es seleccionar el punto muerto y pisar el freno cuando nos encontramos ante situaciones como un semáforo en rojo, un stop o una detención provocada por un atasco. Si tenemos la costumbre de engranar la primera velocidad y mantener pisado el pedal del embrague a la espera de reiniciar la marcha, sería conveniente dejar de hacerlo.
El embrague no es lo único que puede averiarse, la conducción a poca velocidad por los entornos urbanos provoca una menor revolución del motor, haciendo que el filtro de partículas no alcance la temperatura adecuada para su regeneración. Teniendo una mala regeneración, el filtro de partículas sufre y se obstruye con el tiempo.
Para evitar esto, se pueden realizar labores de mantenimiento como la descarbonización del filtro, pero la mejor alternativa es salir a la carretera de vez en cuando para utilizar marchas más largas y revolucionar el motor de manera correcta. Los motores actuales no están hechos para trayectos cortos ni para estar continuamente a 30 km/h (menos aún si hablamos de un motor diesel).